Bendición de la Tiza para Bendecir las casas en el día de la Epífanía

Bendición de las casas para el día de la Epifanía

Por Pedro Manuel Merino Quesada,Pbro.

 

La parroquia San Francisco Javier de Pinto (Madrid) de la Diócesis de Getafe, desde su origen celebra en la misa del día de Epífanía la bendición de la tiza con buenos resultados pastorales. Recogemos a continuación una breve reflexión del párroco y una propuesta de celebración

Introducción (a modo de ensayo)

 Las bendiciones son sacramentales, esto es, celebraciones instituidas por la Iglesia que se realizan, como dice el Concilio Vaticano II, según el modelo de los sacramentos, por medio de las cuales se expresan efectos, sobre todo de carácter espiritual, obtenidos por la oración de la Iglesia. Por los sacramentales, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida.

 Las bendiciones no son acciones mágicas destinadas a influir en Dios para ganarnos la gracia divina. Son manifestaciones de una fe profunda que se torna en oración, que descubre la presencia de Dios en la toda la vida.

 En la oración de bendición no sólo hay un elemento descendente (santificante) por parte de Dios, sino también un elemento ascendente (cultual) de alabanza por parte del creyente que alaba a Dios por su providencia activa respecto de su criatura el hombre.

 

Entre las distintas tradiciones de la piedad popular para la fiestas de navidades está la bendición de la tiza en el día de la Epifanía. El Directorio sobre la piedad popular recoge esta costumbre atestiguada en el Rituale Romanum y el Bendicionale anterior a la reforma litúrgica[1]. Se trataría más bien de una bendición de las casas, sobre cuyas puertas se traza la cruz del Señor, el número del año comenzado, las letras iniciales (acróstico) de los nombres tradicionales de los santos Magos (C+M+B), Gaspar (Caspar [2]), Melchior y Baltassar que también son las iniciales de la formula de bendición: “Christus mansionem benedicat”,y el final del año actual.  Tal inscripción se realiza con una tiza bendecida. Estos gestos, son realizados en familia: padres y niños expresando no sólo la bendición de Cristo por intercesión de los santos Magos sino también la dimensión social y caritativa del mensaje cristiano puesto que es una ocasión para recoger ofrendas que se dedican a fines misioneros y de caridad.

 El ritual de bendición de la tiza no se trata de un ritual mágico, ni de una costumbre pagana cristianizada, sino una expresión de la tradición de la fe y de la piedad litúrgica. Por otro lado, en torno a la tiza, se expresa unos lenguajes culturales comunes. La tiza sirve para marca la propiedad de un objeto o persona y también delimita el espacio. Trazando un círculo o un cuadrado sobre un lugar estaríamos creado un espacio ordenado habitable por el ser humano (cosmos), tal y como lo definiría Mircea Eliade, frente al caos con todas sus posibles peligros.  Estos lenguajes culturales están también recogidos en esta tradición común en sur de Alemania y otros países anglosajones.

 El día de la Epifanía El verbo eterno se hace tiempo. Por eso, se marca en la puerta el año, expresando que Cristo, se manifiesta (epifanía) como Señor de la historia y del tiempo. El Directorio sobre la piedad popular dice: “El Año litúrgico es la estructura temporal en la que la Iglesia celebra todo el misterio de Cristo: desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, al día de Pentecostés, y a la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor”. Es precisamente en el día de Pentecostés donde la inscripción se borra de la puerta de la casa. La presencia del Espíritu, que nos hace decir con la Iglesia “Ven Señor Jesús”, nos abre a la espera del Señor del tiempo, que viene a cubrir de eternidad a la creación.

 Los Magos expresan también la creación y las naciones que adoran al Dios humanado. El papa Benedicto en el encuentro con los jóvenes en Colonia declaró: “Podemos imaginar el asombro de los Magos ante el Niño en pañales! Sólo la fe les permitió reconocer en la figura de aquel niño al Rey que buscaban, al Dios al que la estrella les había guiado. En Él, cubriendo el abismo entre lo finito y lo infinito, entre lo visible y lo invisible, el Eterno ha entrado en el tiempo, el Misterio se ha dado a conocer, mostrándose ante nosotros en los frágiles miembros de un niño recién nacido. «Los Magos están asombrados ante lo que allí contemplan: el cielo en la tierra y la tierra en el cielo; el hombre en Dios y Dios en el hombre; ven encerrado en un pequeñísimo cuerpo aquello que no puede ser contenido en todo el mundo» (San Pedro Crisólogo, Serm. 160,2).” El día de la Epifanía es el día del cosmos, de la creación y del tiempo, y de Dios que ha entrado en el tiempo, tal y como lo demuestran el anuncio de la fiestas pascuales, que recoge la antigua tradición iniciada después del concilio de Nicea (325) de las “Cartas festales” que el patriarca de Alejandría escribía a la cristiandad indicando la fecha de la pascua. Si bien en Hispania, como indica el Liber Ordinum (s VII) editado por M Ferotin, tal anuncio se hacía el día de navidad.

 La casa se bendice porque en ella se inscriben el nombre de los santos reyes, suplicando su intercesión, tal como lo expresa la oración del Rituale Romanum: “in ea domus suae portis scripserint nomina sactorum tuorum Gasparis, Melchioris et Baltassar, per eorum intercessionem et merita…”

 La tradición bíblica recoge que la estrella guía a los Magos hasta la casa de Jesús[3]. El hecho de que Herodes mandara matar a los niños de dos años para abajo (Mt 2, 16) sugiere la posibilidad de que el niño no sea un recién nacido. Este dato está en consonancia con las figuras tradicionales del Belén navideño que para la adoración del niño por los magos se elige una silla con un infante y no un pesebre o cunita.

  En las puertas se marca también el signo de la Cruz. Marcar las puertas de las casas con la cruz de Cristo es signo de pertenencia cristiana. . Según Ap 7, 3ss. La cruz es el signo de los servidores de Dios: “Después vi otro ángel, que subía del oriente y llevaba el sello del Dios vivo; y gritó con voz potente a los cuatro ángeles a los que se les había dado el poder de dañar la tierra y el mar:”No toquéis la tierra, ni el mar, ni los árboles hasta que hayamos sellado en la frente a los servidores de nuestro Dios”. Y oí el número de los sellados de todas las tribus de Israel: ciento cuarenta y cuatro mil”.  En los ritos bautismales pronto significo el sello con el que era restituida la primitiva imagen y semejanza de Dios. El sello (sphragis) manifiesta que hay un propietario (Cf. Cat 8,6). En la acción de sellar con el Espíritu Santo Dios toma oficialmente posesión del hombre como propiedad suya; Ef 4, 30 declara: “No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, que os ha marcado con su sello para distinguiros el día de la liberación”.  

 En conexión con el signo de pertenencia se encuentra la idea de que la cruz para el cristiano es signo de protección en sus luchas contra el mal y contra el demonio. Para los que creen la cruz es signo del poder de Dios mediante el cual se salvan (1 Cor 1, 18). El cristiano signado con el signo de la pertenencia a la Trinidad le bastará hacer sobre sí este mismo signo para protegerse de los ataques del maligno. El hombre vencido por el pecado y la muerte ha triunfado sobre ellos gracias a la Cruz de Jesús. La cruz derrota aparente, proporciona la victoria. Los cristianos. habiendo reconocido a su Padre y habiéndose alimentado con su palabra, han vencido al maligno (1Jn 2, 13s). Nacidos de Dios, han vencido al mundo (5,4). Los mártires devorados por la bestia (Ap 11,7; 23,7; cf. 6,2) sin embargo ya la han vencido gracias a la sangre del cordero (12,10s; 15,2). Del mismo modo los apóstoles, a los que Cristo lleva en su triunfo (2Cor 2,14). Su victoria es su fe en el Hijo de Dios (5,5), gracias a la cual vencen también a los anticristos (4,4). Esta victoria se ha de consolidar con un combate espiritual: en lugar de ser vencidos por el mal, han de vencer al mal por el bien (Rom 12,21). Pero saben que con la fuerza del Espíritu pueden ahora ya triunfar de todos los obstáculos: nada los separará ya del amor de Cristo (8.35ss).

 La expresión latina para la tiza es el vocablo “creta –ae”, que significa: arcilla, greda, tiza. La greda es una arcilla que se origina por la sedimentación de láminas de partículas microscópicas, compuestas de sílice y de aluminio, elementos que vienen a su vez de la alteración de rocas ígneas y metamórficas. La greda, cuando se extrae tiene un color azulado. La greda se mezcla con el yeso para formar la tiza. La Creta latina es la tiza que se usa en el juego de billar para frotar la punta de los tacos y afinar la puntería.

 Al mismo tiempo la tradición tiene también una expresión socio caritativa. Se trata de recoger en cada familia algunas ofrendas que se destinarán a los necesitados y a las obras de evangelización.

  A continuación ofrecemos un formulario de Bendición. Este contiene la fórmula de bendición de Rituale Romanum, a la que se ha incorporado una parte anamnética y otra epiclética. Al final también se recoge la bendición del Rituale sin traducción.


Ritual de Bendición de la tiza

en el día de la Epifanía

 

Ritos iniciales

 Reunida la comunidad cristiana el ministro ordenado dice:

 En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo

 Y todos se santiguan y responden

 Amén.

 Luego añade:

 El Señor esté con vosotros

 Todos responden:

 Y con tu espíritu.

 Luego dispone a los presentes para la celebración, con estas o parecidas palabras

 Queridos hermanos:  El Verbo de Dios quiso nacer de la Virgen María asumiendo nuestra carne se hizo hombre y se manifestó, en este día, como luz de las naciones y salvación de los pueblos. Así la gloria divina ha aparecido en nuestra tierra y Dios ha habitado entre nosotros.

 Pidamos al Señor que bendiga estas tizas con las que vamos a escribir en nuestras puertas los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar, que por su intercesión, imitemos la ejemplaridad de sus vidas; busquemos incansablemente la verdad y salgamos peregrinos al encuentro de Cristo.

 Lectura de la Palabra de Dios

 Luego el lector, o el mismo ministro, lee un texto de la sagrada Escritura.

 Heb. 11, 8-16a:  Ansiaban una patria mejor la del cielo.

 Escuchad,  ahora, hermanos, las palabras la carta a los Hebreos.

 Por la fe obedeció Abrahán a la llamada divina, salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad.  Salió sin saber a dónde iba.

 Por fe vivió como un extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, – y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa.- mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

 Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad de concebir, obtuvo fuerza para fundar un linaje porque juzgo digno se sí al que se lo prometía. Y así, de uno solo,  y en este aspecto ya extinguido, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

 Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido, pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido estaba a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.

 Palabra de Dios

  O bien: Mt, 2, 1b-4. 7-8a. 9-11. Entrado en la casa cayendo de rodillas lo adoraron

 Escuchad,  ahora, hermanos, las palabras del Santo Evangelio según San Mateo.

 En aquel tiempo unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

 – ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarlo. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

 Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos y los mandó a Belén. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir se puso a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María su Madre y cayendo de rodillas lo adoraron.

 Palabra del Señor.

 Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

 R. ¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas.

 Salmo 23 (24)

 

Del Señor es la tierra y cuanto lo llena,

  el orbe y todos sus habitantes:

  El la fundó sobre los mares,

  El la afianzó sobre los ríos. R.

 

– ¿Quién puede subir al monte del Señor?

  ¿Quién puede estar en el recinto sacro? R.

 

– El hombre de manos inocentes

  y puro corazón,

  que no confía en los ídolos

  ni jura contra el prójimo en falso.

  Ese recibirá la bendición del Señor,

  le hará justicia el Dios de salvación. R.

 

– Este es el grupo que busca al Señor,

  que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

  que se alcen las antiguas compuertas:

  va a entrar el Rey de la gloria. R.

 

– ¿Quién ese Rey de la gloria?

– El Señor, Dios de los ejércitos.

  El es el Rey de la gloria. R.

 

Preces

 Con ánimo agradecido y gozoso invoquemos al Hijo de Dios, Señor de cielo y tierra, que, hecho hombre, habitó entre no­sotros, y digamos:

 R. Quédate con nosotros, Señor.

 Señor Jesucristo, que con María y José santificaste la vida doméstica,

– dígnate convivir con nosotros en nuestros hogares, para que te reconozcamos como huésped y te honremos como cabe­za. R.

  Tú que enseñaste a tus fieles a edificar su casa sobre piedra firme,

– haz que la vida de nuestras familias se apoye firmemente en tu palabra y, evitando toda división, te sirva con genero­sidad y de todo corazón. R.

 Tú que, careciendo de morada propia, aceptaste con el gozo de la pobreza la hospitalidad de los amigos,

– haz que todos los que buscan vivienda encuentren, con nuestra ayuda, una casa digna de este nombre. R.

 Jesús, Señor, que con el Padre y el Espíritu Santo, haces morada en los que te aman,

– lleva a tu Iglesia a su perfección por el amor. R.

  Sigue la oración de bendición

 Oración de Bendición.

 El ministro ordenado con las manos extendidas dice:

 Oh Dios, creador y protector del genero humano,

que en tu providencia has dispuesto los bienes de la naturaleza

para que nos den alimento y cobijo.

 Así destinaste que la greda,

nos pudiera servir para construir nuestros hogares

y para que, al mezclarla con el yeso,

pudiéramos escribir las palabras.

 Envía tu Espíritu Santo sobre tus fieles reunidos,

en este día de la Epifanía,

que invocan tu santísimo nombre para pedir tu protección

y bendice + estas tizas, de modo que todos aquellos

que las tomen en sus manos

o escriban en la puerta de sus casas

los nombres de tus santos Gaspar, Melchor y Baltasar,

por su intercesión y ejemplo de sus vidas

experimenten la salud del cuerpo y la protección del alma.

Por Jesucristo nuestro Señor.

 Todos

 Amen

 Y si se considera oportuno rocía con agua bendita al pueblo y a las tizas.

Conclusión del Rito

 Luego el celebrante bendice al pueblo, diciendo, con las manos extendidas sobre los fieles:

 Dios, Señor de cielo y tierra,

que ha querido hoy reuniros

para la bendición de las puertas de vuestros hogares,

os conceda también

que entréis por sus puertas con acción de gracias,

por sus atrios con himnos,

y alcancéis así la herencia de la felicidad eterna.

 R. Amén.

 Y la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo + y Espíritu Santo,

descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

 R. Amén.

 Se puede acabar el rito cantando un canto apropiado. Después se distribuyen las tizas y una tarjetita como la que colocamos a continuación señalando qué se debe escribir, sobre la puerta, o bien en el marco exterior o interior de la misma.

  La dos primeras cifras del Año

 20

 luego

 +C+M+B+

 y las dos últimas cifras del año

 16

 20 +C+M+B+ 16


 Bendición del Rituale Romanum

 Benedictio Cretae

In Festo Epiphaniae

 V. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.

R.  Qui fecit caelum et terram.

V. Dóminus vobíscum.

R. Et cum spíritu tuo.

 Béne dic, Dómine Deus, creatúram istam cretae: ut sit salutáris humáno géneri; et praesta per invocatiónem nóminis tui sanctíssimi, ut, quicúmque ex ea súmpserint, vel in ea in domus suae portis scrípserint nómina sanctórum tuórum Gásparis, Melchióris et Baltássar, per eórum intercessiónem et mérita, córporis sanitátem, et ánimae tutélam percípiant. Per Christum Dóminum nostrum.

 R. Amen.


[1] El motu propio Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, nos está abriendo a una riqueza de símbolos y tradiciones litúrgicas, que podían caer en el olvido. Estas tradiciones nos pueden ayudar para la evangelización de las comunidades cristianas, que sacan del baúl de la revelación lo viejo y lo nuevo para anunciar a Cristo al hombre de hoy.

[2] Entre los etruscos se usaba ind istintamente para representar los fonemas /c/ y /g/. Esta ausencia se prolongó en los primeros alfabetos latinos tal como se descubre del cipo del foro romano (Lapis niger Romuli). En el siglo III a.C., el liberto Espurio Carvilio —quien fuera esclavo del cónsul Espurio Carvilio Ruga—, decidió agregar un pequeño rasgo a la C para producir una letra nueva, y representar así el fonema velar oclusivo sonoro como distinto del velar oclusivo sordo.

[3] Mt 2. 9-11: Ellos, después de oír al rey, se marcharon; y la estrella que habían visto en oriente iba delante de ellos, hasta que fue a posarse sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella experimentaron una grandísima alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre; se pusieron de rodillas y lo adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.