Iam Christus ad vitam vocat

Tiempo de Adviento
iam Christus ad vitam vocat
“ya Cristo llama a la vida”

En este tiempo de adviento, tiempo para la preparación a la venida de nuestro Señor Jesucristo, el buen pastor que da la vida por las ovejas, queremos evocar el último verso del himno “en el canto del Gallo” de poeta hispano de la antigüedad clásica tardía Aurelio Prudencio:

Ales diei nuntius
lucem propiaquam praecinit
nos excitator mentium
iam Christus ad vitam vocat

Traducido al castellano dice:

El ave, que anuncia el día
augura la luz que se acerca
ya Cristo, instigador de las mentes,
nos llama a la vida.

El último verso sólo sin referencia al resto  del poema, es decir, “iam Christus ad vitam vocat”  significa: “ya Cristo llama a la vida”.

El adviento nos recuerda que Cristo despierta las almas arrancándolas de la muerte para llamarnos a la vida.

Estos versos del poeta calagurritano me recuerdan los ultimos del pregón pascual en la noche santa en el que se evoca a Cristo como lucero de la manaña (lucero en la antigüedad se refiere al planeta Venus). Cristo es la estrella matutina, que no conoce el ocaso, que al salir del sepulcro brilla sereno para el linaje humano,  llamando a todo y a todos a la vida.

Flammas eius lúcifer matutínus invéniat:
ille, inquam, lúcifer, qui nescit occásum.
Christus Fílius tuus,
qui, regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit,

Que el lucero de la mañana encuentre sus llamas (las del cirio pascual)
digo el lucero que no conoce el ocaso Cristo tu Hijo,
que,  resucitado de la muerte, brilló sereno para el linaje humano

Combinando ambos versos podemos decir:

iam Christus,  regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit et ad vitam vocat

Ya Cristo, resucitado de la muerte, brilló sereno para el linaje humano y llama a la vida.

No me resisto desde esto interpretar el tiempo de adviento como una manera de profundizar en la Pascua, pues reconociendo que el Señor ha resucitado sabemos que llama todo irrevocablemente a la vida. Así lo expresa el número 1084 del Catecismo de la Iglesia Católica:

El Misterio pascual de Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues por su muerte destruyó  la muerte, y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección permanece y atrae todo hacia la Vida.

Es la Pascua el motivo de la Esperanza Cristiana.

Pedro Manuel Merino Quesada.Pbro