Ipsius sunt tempora (suyos son los tiempos) Felicitación y reflexión teológica de Navidad

IPSIUS SUNT TEMPORA (Suyos son los tiempos)

Esta frase está tomada de la Vigilia Pascual: sobre el cirio nuevo se traza una serie de letras y números indicando que Cristo es el cronócrator (Suyo es el tiempo). Esto es lo que expresa el tiempo de Navidad. Porque en Navidad celebramos que el eterno se ha hecho temporal.  La calenda o anuncio o pregón de navidad, después de recorrer la historia humana desde la creación del mundo afirma: Jesucristo, eterno Dios e Hijo del Eterno Padre, queriendo santificar el mundo por su advenimiento, fue concebido por obra del Espíritu Santo, y transcurridos nueve meses después de ser engendrado, en Belén de Judea nació de la Virgen María hecho hombre. No me resisto a poner estas frase en el original latino: Iesus Christus, æternus Deus æternique Patris Filius, mundum volens adventu suo piissimo consecrare, de Spiritu Sancto conceptus, novemque post conceptionem decursis mensibus, in Bethlehem Iudæ nascitur ex Maria Virgine factus homo. En navidad celebramos que la carne humana de la Virgen ha dado tiempo a la eternidad (Christus aeternus, nascitur ex Maria Vigine factus homo, es decir, Cristo eterno nació de la Virgen María hecho hombre). Esto está expresado también el prefacio II de la Misa: El eterno que ha sido engendrado antes de los tiempos (ante tempora genitus) ha comenzado a ser en el tiempo (esse coepit in tempore). Todo ello se ha producido porque Cristo quiere consagrar el mundo con su llegada (volens adventu suo consecrare mundum). Cristo, totalmente Dios y plenamente hombre, une en sí todo el tiempo en la eternidad. Por eso afirmamos que de Él es el tiempo y las edades de la historia y no puede quedar encerrado en una época concreta (CEC 1085) pues todo lo que él hizo y hace es actual.

Pero nosotros sí estamos inversos en el tiempo y su paso inexorable nos arrebata la juventud, los seres queridos y los hábitos pasados, que se nos antojan irrenunciables en la vida. El resultado es que las fiestas de navidad se llenan de melancolía y la melancolía nos aleja de la felicidad. Y sin embargo, las fiestas navideñas nos hablan de lo contrario: de la eternidad. En el hoy de la vida y de la celebración se hace presente toda nuestra vida y nuestros recuerdos son actuales y los difuntos están con nosotros en la comunión de los santos y en su evocación piadosa en nuestras mentes. Pues la Navidad es la actualización del acontecimiento por el que la eternidad se hace tiempo para redimir al tiempo de su malicia y su perjuicio. Por eso, solo desde el eterno, que se actualiza en el tiempo, podemos decir con la antífona de la Vísperas de navidad: “Hoy ha nacido Jesucristo”. El tiempo eterno celebrado en el transcurso de nuestro tiempo pasajero nos regala el don de la contemporaneidad (como dice los teólogos de la liturgia el memorial o la anamnesis). Así desde la frase pascual: Suyo son los tiempos (Ipsius tempora) se puede entender que estos días, que se repiten año tras año, traigan para el mundo gozos festivos. Esta frase traigan para el mundo gozos festivos es el comienzo del himno de la Epifanía para el Oficio de lectura que nos invita a cantar a la Trinidad eterna por el paso del tiempo:

Festiva mundo gaudia                       Gozos festivos para el mundo
reducta solis orbita     una nueva vuelta de la órbita solar nos trae;
in Trinitatis nomine                          en nombre de la Trinidad
laeti colamus carmine                  con el canto celebremos alegres

Dicho de otra manera más ordenada:

Celebremos alegres con nuestros cantos
el nombre de la Santisima Trinidad
pues una nueva vuelta de la órbita solar
trae para el mundo fiestas de alegría

Por eso os deseamos.  Feliz Navidad

Con el saludo del clero de San Francisco Javier.

Padre Pedro Manuel Merino,
Padre Adolfo Ivorra,
Diácono Luís Miguel Jimenez.