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PARA EL CENTRO JUVENIL (PRIMER AÑO)

EResultado de imagen de mirad que estoy a la puerta y llamon invierno o en verano, en los momentos felices o en los momentos más amargos, después de una buena acción o cuando nos sentimos heridos por el pecado… A todas horas, en tantas situaciones de la vida, Cristo está a la puerta.

“Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20).

Su llegada, su espera, son mi alegría. ¿Puedo abrirle, puedo dejarle un lugar en mi alma, puedo pedirle que acepte unos momentos en mi casa, en mi historia, entre mis platos de colores y mis vasos un poco llenos de cal vieja?

Podemos cenar con Cristo. Porque Él es el primero en desearlo. Porque vino al mundo para buscar ovejas perdidas y pecadores entristecidos. Porque desea corazones generosos que tengan quizá pocas riquezas materiales pero mucho amor y deseos de entrega. Porque sabe que nosotros le necesitamos como el único Salvador, como el Mesías, como el Señor, como el Amigo, como el Hijo del hombre:

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? Imagen relacionada
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, 
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío, 
si de mi ingratitud el hielo frío 
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía: 
«Alma, asómate ahora a la ventana, 
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana, 
«Mañana le abriremos», respondía, 
para lo mismo responder mañana!

Lope de Vega (poeta madrileño: Madrid, 25 de noviembre de 1562 – Madrid 27 de agosto de 1635)